Texto y fotografías: Lucas Passos

“Procesiones de almas caminan por dentro de cuerpos vivos y de otros tantos muertos. Caminaban con los ojos, dientes y vientres paridos por los cascos. Y era con el hierro de la madera de ese casco que el barco intentaba cortar las gruesas raíces que sostienen el baobá de nuestros cuerpos.

Éramos unos 4, 5, 6, 11 millones, o talvez más, de flores y florestas arrancadas del jardín de África para el corazón rojo de las Américas. Trasplantadas en combustión, amalgamadas a las novedades del suelo. Diáspora-pos-diáspora.

Haussás, Geges, Ilorins, Egbas, Ketus, Fantis, Fons, Ijexás, Mandingas, Achantis, Éwés, Yorubas, Minas, Daomes, Kabye, Fulas y Bantús. Tantos que de Angola, Gana, Togo, Sudan, Nigeria, Benín, Mali, Guinea, Sierra Leona, Mauritania, Costa de Marfil, Senegal, Burquina Faso, Liberia, Congo, Chade, Mozambique, Zaire y Zimbawe llegando, desciendo, bajando cargados con Sembas, Sambas, Lundus, Jazz, Blues, Tangos, Milongas, Maracatus, Vudús, Capoeiras, Reggaes, Funks, Rap, Hip Hop, Acarajes, Lukumis, Santerías, Cha-cha-cha, Mambo, Salsa, Habanera, Rumba, Zouk, Merengue, Calipso, Techno, Ska, Moquecas, Feijoadas, Mondongo, Umbanda, Candombe y Candombles, que, aunque no servirían de pagamento, aliviaría las penas del vivir para quienes en muchos momentos, tan cansados, apenas buscaban la dignidad común de morir.

Conversábamos esto mientras que ellas bajaban las laderas con sus velas blancas. Tantas. Santas terrenas de encajes revistiendo las pieles. Lindas. Cubriendo de hojas la fosa abierta de nuestras heridas. Idas y vueltas colectando fondos para comprar muchos pedacitos blancos de papel de libertades de este mundo. Libertades para los vivos, dignidades para los muertos. Salve la Hermandad de mujeres descendientes directas de mamá África, unidas, conquistando los espacios, paso a paso contribuyendo a los ideales de fraternidad que deberían ser universales.

Nos unimos a vuestros cultos, comemos de vuestra comida, agradecemos a Nuestra Señora de la Buena Muerte, a la vida, a la resurrección eterna; damos vivas y gracias a los niños y niñas con sus abayomis. Creemos que las raíces de todos los arboles del mundo se conectan por debajo del barro de la tierra, mientras que encima danzan la lira dulce de los vientos crespos.

Gratitud Hermanas. Nos encontramos por la vida.

Amén, Axé.”.