Texto y fotografías: Wara Vargas Lara

“Todos tenemos un motivo para sentir la ciudad como nuestra, vení a descubrir cuál es el tuyo”, se escucha en el video publicitario de Argentina. Y un bombardeo de imágenes del Obelisco en la 9 de Julio, bailarines de tango y los mejores lugares de la capital hipnotizan a los turistas.

Villa 15 fue censurada visualmente por los porteños con la construcción de dos muros para evitar que esos turistas vean pobreza durante el Mundial de fútbol de 1978. Entonces se la  bautizó como Ciudad Oculta.
El eslogan se me viene a la mente al llegar a la ciudadela. Aquí no existen obeliscos ni bailarines de tango, sólo un monumento al abandono que se llama Elefante Blanco, edificación del gobierno de Juan Domingo Perón que tenía que ser el hospital más grande de Latinoamérica. Nunca se concluyó y con el tiempo fue tomada por cartoneros y gente sin techo. Actualmente ya no exige el edifico, fue demolido.

La sola idea de pisar Ciudad Oculta tiene malos augurios: muchos delincuentes viven también en la villa, e igual pueden vivir en los mejores barrios de Buenos Aires.
Las imágenes de esta serie describen mi visita. Como una turista conocí sus tradiciones y conviví con sus habitantes: las personas que encontré y que me acogieron nunca me pidieron nada a cambio. Me mostraron su mundo y me cuidaron de los peligros de la villa. Ahora puedo afirmar que descubrí cuál es mi motivo para sentir la ciudad de Buenos Aires como mía.